Adoptar un animal adulto tiene numerosas ventajas. De hecho son legión los que, tras haber pasado por la experiencia de acoger un perro o un gato mayores de edad, no quieren ni oír hablar de volver a enfrentarse a la educación y los destrozos de un revoltoso cachorro. Un animal adulto, que haya sufrido el abandono, suele establecer una relación más estrecha con su nuevo dueño que aquellos que nunca han pasado necesidades. Están deseosos de agradar a su rescatador, y por tanto de aprender todas las normas y órdenes que su amo desee enseñarles. Son más tranquilos y no requieren una vigilancia constante.
Pero su mayor ventaja es que lo que se ve, es lo que hay. Con un cachorro nunca se sabe en qué clase de perro o gato se convertirá, con un animal adulto no hay sorpresas desagradables. La mejor opción a la hora de buscar mascota para cualquiera, pero sobre todo para dueños inexpertos y para personas mayores que no tienen fuerza ni ganas de pelear con un cachorro, es dar una segunda oportunidad a uno de los miles de perros y gatos adultos, de todos los tamaños, colores y caracteres, que abarrotan las protectoras españolas
Pese a los numerosos estudios que defienden la conveniencia de que los niños crezcan disfrutando del cariño sin fisuras que les proporciona una mascota, uno de los temores más comunes de los futuros papás es la compatibilidad entre el bebé que está a punto de llegar y el animal que lleva varios años siendo un miembro más de la familia. ¿Tendrá celos? ¿Se adaptará a la nueva rutina? Presentando al recién llegado como es debido no tendría qué haber problemas. De hecho, incluso sin tomar ninguna medida lo habitual es que la mascota acoja con toda naturalidad al recién nacido.
Una de las grandes ventajas de tener a un felino como mascota es lo increíblemente limpios que son. Al contrario que los perros, no soportan estar sucios. Limpiarse a conciencia haciendo uso de su lengua y sus manos es la segunda actividad a la que más tiempo dedican diariamente después de dormir. Precisamente por eso muchos gatos domésticos no han necesitado un baño en toda su vida. Su empeño por estar siempre inmaculadamente limpios es tal que cuando un gato no se asea es síntoma inequívoco de que se encuentra enfermo.