
Se avecina un verano muy seco, toca por tanto revisar cuidadosamente a nuestro perro siempre que vuelva del paseo, para asegurarnos que no tiene clavada ninguna espiga. Por su forma de paraguas van adentrándose en el pelo llegando a clavarse en la carne y provocando dolorosos abscesos. En determinadas zonas, como oídos, narices u ojos son muy peligrosas. No dude en llevar al animal al veterinario si se siente incapaz de extraerla. Con las razas de orejas largas y caídas, sobre todo si no tienen el pelo corto, como los cockers o los golden retriever, hay que ser especialmente cuidadoso. Si ve que sacude o inclina mucho la cabeza, estornuda repetidamente o se intenta hurgar con la pata como si algo le molestara, llévele al veterinario. Aunque no vea una espiga es muy probable que tenga algún cuerpo extraño que le molesta.